{"id":1691,"date":"2026-07-02T15:11:11","date_gmt":"2026-07-02T15:11:11","guid":{"rendered":"https:\/\/genealogia.com.ar\/?p=1691"},"modified":"2026-07-02T15:11:12","modified_gmt":"2026-07-02T15:11:12","slug":"entre-identidad-y-exilio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/entre-identidad-y-exilio\/","title":{"rendered":"Entre identidad y exilio\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Oro Anahory-Librowicz<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mis m\u00e1s lejanos recuerdos me llevan a una encrucijada de caminos, a un mundo de polaridades y deseos conflictivos. \u00bfA qu\u00e9 voz atender, a la llamada de lo inc\u00f3gnito, de los caminos v\u00edrgenes o al llamamiento de lo familiar, de lo que te espera desde siempre, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, en un retorno previsible y, por tanto, reconfortante? \u00bfRealizar mi \u201cdestino\u201d o inventar el m\u00edo propio? Cada opci\u00f3n exige su precio y no se decide a la ligera entre quedarse con los suyos y alejarse de ellos para forjarse su propio camino, entre aceptar lo que la tradici\u00f3n te reserva y aventurarte por nuevas sendas. A la hora de tomar una decisi\u00f3n, se insinu\u00f3 en m\u00ed el canto po\u00e9tico de Machado: \u00ab\u00a0Caminante, no hay camino, se hace camino al andar\u00a0\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero empecemos desde el principio. Hay tantas cosas que una no sabe cuando es ni\u00f1a. El nacer en Tetu\u00e1n, durante el Protectorado Espa\u00f1ol, no ten\u00eda para m\u00ed nada de particular. Mi ciudad natal me parec\u00eda m\u00e1s bien aburrida y opresiva. Quiz\u00e1 mis hermanos, por ser varones, no ten\u00edan la misma perspectiva que yo. Mientras que ellos pod\u00edan \u00ab&nbsp;ir de chateo&nbsp;\u00bb, sentarse en un caf\u00e9 o pasar la tarde en el Casino Israelita, yo, como ni\u00f1a, no pod\u00eda tomarme esas libertades, aunque tampoco las codiciaba especialmente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las vacaciones estivales eran un verdadero tormento para m\u00ed. Como todas las ni\u00f1as de mi edad, anhelaba que terminaran las clases del colegio para disfrutar de un poco de libertad. Pero \u00bfqu\u00e9 hacer en la estrechez de una ciudad tan provinciana como Tetu\u00e1n? Durante el a\u00f1o escolar, la Alianza Israelita colmaba mis intereses intelectuales y me proporcionaba un contacto social con ni\u00f1os de mi edad. Ya desde entonces intu\u00eda de manera confusa que la Alianza me proporcionar\u00eda un puente hacia el futuro, que su educaci\u00f3n pol\u00edglota (franc\u00e9s, hebreo, \u00e1rabe, espa\u00f1ol e ingl\u00e9s) me abrir\u00eda las puertas de otros pa\u00edses y otros horizontes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otra fuente inagotable de satisfacci\u00f3n era el Conservatorio de M\u00fasica y Baile que, a\u00f1o tras a\u00f1o, me hac\u00eda descubrir y amaestrar dos de mis pasiones: la m\u00fasica y el ballet. Pero en verano, ese jard\u00edn de las maravillas tambi\u00e9n estaba cerrado. Hasta la biblioteca y el centro cultural franc\u00e9s, uno de mis lugares favoritos, mi caverna de Al\u00ed Bab\u00e1, tanto apreciaba sus tesoros, cerraba sus puertas en verano. &nbsp;Por lo tanto, la calle General\u00edsimo, nombrada Mohamed V despu\u00e9s de la Independencia, constitu\u00eda el \u00fanico pasatiempo. Ir y venir de una punta a otra de la calle, intercambiar miradas y sonrisas con alg\u00fan conocido, mirar c\u00f3mo iba vestida fulanita, exhibir sus propios atuendos . . .&nbsp; en fin tratar de estirar el tiempo entre una vuelta y otra en esa&nbsp; calle que era el centro neur\u00e1lgico de la ciudad. Y, mientras tanto, experimentar un vac\u00edo y un aburrimiento desesperantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recuerdo que, para pasar el tiempo, me asignaba a m\u00ed misma \u201cexplicaciones de texto\u201d, como si estuviera en la escuela. Escog\u00eda un pasaje de uno de mis autores preferidos, Montaigne, Ronsard, Stendhal o Balzac, y contestaba a las preguntas que yo misma inventaba. As\u00ed me convert\u00eda en alumna y profesora a la vez y, sobre todo, me manten\u00eda ocupada en el vac\u00edo que era Tetu\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue en esos a\u00f1os de la adolescencia cuando surgi\u00f3 mi anhelo de salir de mi ciudad natal. Me empujaban mi curiosidad intelectual, mis ambiciones profesionales y el deseo de escapar a toda costa al destino t\u00edpico de la mujer tradicional, de quien se esperaba que fuera una esposa y madre ejemplar. Educada en una escuela que valorizaba ante todo la lengua y la cultura francesa, mi sue\u00f1o era estudiar en Par\u00eds. No s\u00e9 c\u00f3mo hab\u00eda conseguido un plano de la capital francesa, pero recuerdo tenerlo abierto en clase, sin que me viera el profesor. As\u00ed recorr\u00eda Par\u00eds con mi imaginaci\u00f3n: la torre Eiffel, el Trocadero, los mil y un museos de la capital del arte, y sobre todo los teatros. Yo que siempre hab\u00eda querido ser actriz, so\u00f1aba con ir a la Com\u00e9die Fran\u00e7aise, el cen\u00e1culo del arte dram\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando supe que no habr\u00eda clase de bachillerato en la Alianza de Tetu\u00e1n, se me present\u00f3 la oportunidad de realizar mi sue\u00f1o. Gracias a la apertura de esp\u00edritu excepcional de mis padres, Samuel y Simy Anahory, \u05d6\u05dc , quienes me apoyaron moral y econ\u00f3micamente, me fui a estudiar a Par\u00eds. Aquella separaci\u00f3n de con mi entorno familiar y geogr\u00e1fico represent\u00f3 la primera de varias rupturas existenciales. Aunque deseada, tuvo el sabor semi-amargo del exilio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1 lo m\u00e1s dif\u00edcil no fuera superar el sentimiento de extra\u00f1eza que inevitablemente te invade cuando te arrancas a los tuyos. Lo que m\u00e1s duele es volver a tu casa y darte cuenta de que no vuelves a lo que dejaste ya que tu mirada no es ni nunca ser\u00e1 la misma que la que ten\u00edas un tiempo atr\u00e1s: \u00ab&nbsp;Y al volver la vista atr\u00e1s, \/ se ve la senda que nunca \/ se ha de volver a pisar&nbsp;\u00bb. Los lugares familiares de tu infancia, tus puntos de referencia existenciales no han cambiado, pero t\u00fa te has transformado y ya no es posible recobrar tu inocencia pasada ni ser como eras anta\u00f1o. Entonces sientes una fisura, tal una herida, que te hace diferente, te aleja de los tuyos y te separa ineluctablemente de tu pasado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s del bachillerato, cuando emprend\u00ed mi licenciatura en estudios hisp\u00e1nicos en la Universidad de Par\u00eds, tom\u00e9 conciencia del entorno muy particular en el que hab\u00eda crecido. Tetu\u00e1n me pareci\u00f3 algo as\u00ed como un microcosmos de la Espa\u00f1a medieval, trasladado al siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">All\u00ed, al otro lado del Estrecho, conviv\u00edan en una tolerancia relativa, no exenta de tensiones y conflictos, las tres culturas de la Espa\u00f1a del Medievo. A diario entraban en contacto y se relacionaban \u00e1rabes, jud\u00edos y cristianos, en la calle, en el zoco, en las tiendas y en los patios. \u00bfQu\u00e9 tetuan\u00ed no recuerda escenas pintorescas de la vida cotidiana bajo el Protectorado? El <em>jebl\u00ed <\/em>que ven\u00eda&nbsp; en burro para traer la leche que, a veces, cortaba con agua para que cundiera m\u00e1s. El panadero espa\u00f1ol que tra\u00eda su pan a cada inquilino en una enorme canasta de mimbre. El cartero que, desde abajo, gritaba tu nombre cuando recib\u00edas una carta. El sereno que abr\u00eda el portal a los trasnochadores. Y las animadas conversaciones de las vecinas en el patio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Anita y Paco eran nuestros vecinos espa\u00f1oles que les hab\u00edan dado a sus hijos nombres del calendario republicano, Germ\u00e1n y Flori\u00e1n, declarando as\u00ed p\u00fablicamente sus convicciones pol\u00edticas. Un d\u00eda, a los cuatro a\u00f1os, me fui sola a la juder\u00eda para ver las gallinas que vend\u00edan los campesinos rife\u00f1os.&nbsp; Pero me perd\u00ed y fue Germ\u00e1n quien me encontr\u00f3 y me llev\u00f3 a casa. Hoy me pregunto si alguno de sus antepasados, en la Edad Media, habr\u00eda protegido a uno de los m\u00edos de las garras de la Inquisici\u00f3n, o si al contrario, lo habr\u00eda delatado y \u00e9l, con su noble gesto, habr\u00eda enderezado el entuerto de su antecesor. Asimismo muchos de los \u00e1rabes tetuan\u00edes descienden de moriscos y quiz\u00e1 las vidas de nuestros antepasados respectivos se cruzaron en Espa\u00f1a en una \u00e9poca remota y ahora la historia reun\u00eda a sus descendientes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mucho antes de que se hablara de multiculturalismo, en Tetu\u00e1n lo practic\u00e1bamos a diario. Recuerdo la noche de Timimona cuando mis compa\u00f1eros de clase, Carlos Malk\u00e1, Fortunato Albo y Jaime Benmam\u00e1n, sal\u00edan por la calle cantando: \u201cBuenas salidas de Pascua, buenas salidas de Pascua mos d\u00e9 el Dio, buenas salidas de Pascua\u201d con la tonada del popular villancico castellano: \u201cTodos le llevan al Ni\u00f1o\u201d. Con esa misma tonada se cantaba en Tetu\u00e1n: \u201cA la entrar a la juder\u00eda, a la entrar a la juder\u00eda, lo primero que se ve ve, ay, ay, ay, Abamito tostando pipas\u201d. En otras ocasiones, en el patio de recreo de la Alianza, en v\u00edsperas de <em>Pesah,<\/em> los compa\u00f1eros citados se divert\u00edan cantando \u00abHermana Simh\u00e1, Pesah ya lleg\u00f3, amasay las tortas y sacay el vino. Hermana Simh\u00e1, Pesah ya se fue, guarday lo casher y sacay lo ham\u00e9s\u00bb<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Y, con la misma melod\u00eda empalmaban con los versos del <em>Arte po\u00e9tica<\/em> de Boileau: \u00ab&nbsp;Dans ce sac ridicule o\u00f9 Scapin s\u2019enveloppe, je ne reconnais plus l\u2019auteur du <em>Misanthrope<\/em>&nbsp;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pasar de una lengua a otra, de la <em>haket\u00eda<\/em> al franc\u00e9s del siglo XVII, se hac\u00eda con toda naturalidad y apropiarse las notas de un cantar cristiano de Nochebuena para entonar un cumplido tradicional de fin de <em>Pesah<\/em> no le hac\u00eda estremecerse a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pese a estos cruces culturales y ling\u00fc\u00edsticos, fruto del trato cotidiano entre las tres comunidades, la norma socio-cultural y religiosa impl\u00edcita y aceptada era que cada grupo se mov\u00eda en su propio \u00e1mbito y no interfer\u00eda en la esfera del otro, un poco como el agua y el aceite que se codean, pero no se mezclan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recuerdo que, en las pocas ocasiones en que mi madre me llevaba a la tienda de mi padre, situada en la morer\u00eda o <em>kaiser\u00eda<\/em>, sent\u00eda que penetraba en un sector vedado, ajeno a mi entorno familiar y, por tanto, inquietante. Me agarraba al brazo de mi madre y, de un paso ligero, \u00edbamos a la tienda y, al volver de nuevo al Ensanche, la parte europea de la ciudad, nos sent\u00edamos las dos aliviadas, aunque nunca nos lo confesamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto me trae a la memoria una historia que le ocurri\u00f3 a mi padre. Todos en Tetu\u00e1n conoc\u00edan la Ferreter\u00eda Anahory, sobre todo cuando se traslad\u00f3 a un nuevo local del Ensanche. Antes de esa \u00e9poca, cuando todav\u00eda estaba la tienda en la morer\u00eda, un d\u00eda lleg\u00f3 un cliente musulm\u00e1n bastante mayor, le compr\u00f3 a mi padre unas especias y unos clavos y le dijo: &#8211; Mire, yo no soy de aqu\u00ed y tengo que hacer todav\u00eda unas compras. \u00bfPodr\u00eda dejarle estos candelabros y recogerlos m\u00e1s tarde?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; <em>Waja<\/em><a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\">[2]<\/a>, le contest\u00f3 mi padre. Entonces, el cliente se fue y le dej\u00f3 a mi padre dos candelabros de cobre que se estilan mucho en Marruecos. Son altos, vistosos y de color dorado. A la hora de cerrar la tienda, el cliente no hab\u00eda vuelto. Mi padre cerr\u00f3 la tienda y volvi\u00f3 a casa. Pasaron d\u00edas y semanas y el hombre no volvi\u00f3. Como no ten\u00eda sitio en la tienda que era muy peque\u00f1a, mi padre cogi\u00f3 los candelabros y los llev\u00f3 a casa. Y all\u00ed se quedaron olvidados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya hab\u00edan pasado a\u00f1os cuando una ma\u00f1ana se present\u00f3 un anciano con una barba blanca y le dijo a mi padre:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; Mire, \u00bfse acuerda que hace a\u00f1os le dej\u00e9 aqu\u00ed unos candelabros?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; \u00a1Ah Rebb\u00ed Shim\u2019on, s\u00ed!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; Bueno, pues he venido a recogerlos, le dijo el anciano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces mi padre le explic\u00f3 que, despu\u00e9s de esperar en vano su regreso, se los hab\u00eda llevado a la casa y le pregunt\u00f3 si pod\u00eda pasar a recogerlos por la tarde. Le dijo el cliente que s\u00ed. Mi madre sac\u00f3 los candelabros de un armario donde los hab\u00eda guardado, los limpi\u00f3 y los enrosc\u00f3, porque mis hermanos eran muy traviesos y los hab\u00edan desmontado para jugar con las piezas. Mi padre los llev\u00f3 a la tienda, pero resulta que el anciano nunca volvi\u00f3. As\u00ed que los candelabros se volvieron a traer a la casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando salimos para siempre de Tetu\u00e1n, dejamos atr\u00e1s nuestra infancia, nuestros recuerdos y todos los bienes materiales que pose\u00edamos. Pero, no s\u00e9 c\u00f3mo, esos candelabros que suelen acompa\u00f1ar a la novia en la noche de berberisca y que, casualmente sirvieron para <em>rohear<a href=\"#_ftn3\" id=\"_ftnref3\"><strong>[3]<\/strong><\/a><\/em> a mi hermana, nos siguieron tambi\u00e9n. Uno de ellos est\u00e1 conmigo en Montreal y el otro fue a dar en Caracas con mi hermana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y hasta ahora me pregunto si ese anciano musulm\u00e1n no ser\u00eda un mensajero que ven\u00eda a decirnos: \u201cCuando os toque dejar esta tierra que ha sido la de vuestros padres y abuelos, no es justo que os vay\u00e1is con las manos vac\u00edas. Llevaos estos candelabros que ser\u00e1n como una luz en vuestro nuevo \u00e9xodo\u201d. Y as\u00ed fue. Y \u00e9l quede con bien y nosotros tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El desenlace del cuento, con su visi\u00f3n optimista, no es el fruto del embellecimiento t\u00edpico que suele acompa\u00f1ar el exilio. Al contrario, soy consciente de que es pura ficci\u00f3n el darle un sentido positivo a lo que fue, para la comunidad judeo-marroqu\u00ed, una bofetada hist\u00f3rica. Los jud\u00edos marroqu\u00edes dejaron su pa\u00eds, primero para cumplir la promesa milenaria del retorno a Si\u00f3n y despu\u00e9s, tras la Independencia de Marruecos, porque se vieron excluidos del proceso hist\u00f3rico por una serie de medidas nacionalistas y discriminatorias. Pero cada cual tiene derecho a so\u00f1ar e interpretar la realidad de los hechos como le hubiera gustado que ocurrieran. Y en fin de cuentas, \u00bfqui\u00e9n sabe lo que pensar\u00eda de verdad el anciano? \u00bfY si hubiera tenido un pensamiento de fraternidad con nosotros, sus conciudadanos?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Retomando el hilo del relato y volviendo a mis estudios universitarios, fue una sorpresa para m\u00ed descubrir ciertos aspectos de mi identidad sefard\u00ed a trav\u00e9s de la literatura medieval espa\u00f1ola. Al leer <em>El<\/em> <em>Libro de Buen Amor<\/em>, <em>La lozana andaluza<\/em> y <em>la Celestina<\/em>, entre otras obras, encontr\u00e9 varias alusiones a los jud\u00edos e incluso a nuestros platos t\u00edpicos, como la adafina, el letuario y las fijuelas. El espa\u00f1ol arcaico se asemejaba a nuestra lengua vern\u00e1cula en su vocabulario y fon\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Progresivamente se me fueron revelando facetas de mi propia identidad. Se puso de manifiesto nuestra modalidad particular de ser jud\u00edos del norte de Marruecos. Habl\u00e1bamos un espa\u00f1ol heredado de nuestros antepasados espa\u00f1oles, transformado a lo largo de los siglos en la <em>haket\u00eda<\/em>, nuestra lengua vern\u00e1cula. La <em>Hagada<\/em> de Pesah se traduc\u00eda en ladino, o sea en nuestro idioma escrito, el judeoespa\u00f1ol. Poco a poco, empec\u00e9 a comprender que practic\u00e1bamos el juda\u00edsmo sefard\u00ed, el cual ten\u00eda sus tradiciones, liturgia y lengua espec\u00edficas. As\u00ed, gradualmente, Tetu\u00e1n se deshizo de su tedio y su estrechez para revestir una aureola \u00fanica y selecta. Este cambio de percepci\u00f3n respecto a mis ra\u00edces y a mi ciudad natal fue un lento proceso que se extendi\u00f3 a lo largo de varios a\u00f1os y orient\u00f3 para siempre mi vida profesional y el acercamiento a mi identidad. De hecho, fue decisivo en la manera en que me habr\u00eda de definir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, nunca he idealizado mi ciudad natal a pesar de haberle descubierto virtudes singulares una vez alejada de ella. Para disipar cualquier duda a este respecto, quiero dejar bien claro que, para m\u00ed, el recuerdo del pasado y de mis ra\u00edces no pasa necesariamente por un sentimiento de nostalgia sino m\u00e1s bien por el reconocimiento de ciertas realidades hist\u00f3ricas que trato de analizar y comprender con lucidez. Rara vez tuve la impresi\u00f3n de que el pasado era mejor que el presente y no echo de menos mi vida en Marruecos, aunque la considere como muy particular y fuera de lo com\u00fan. En la medida de lo posible, trato de levantar el velo de la nostalgia que suele colorear los recuerdos para examinarlos con objetividad. La \u00fanica nostalgia profunda que sent\u00ed durante a\u00f1os fue la p\u00e9rdida del calor del hogar familiar. Como hija menor, me sent\u00eda rodeada y protegida por el cari\u00f1o de mis hermanos, Salom\u00f3n\u05dc\u05d6&nbsp; &nbsp;, Isaac, Jaime y Alberto y de mi hermana Soly. Este sentimiento \u00fanico se cristalizaba en las dos noches de <em>Pesah<\/em>, cuando mi padre y mis hermanos le\u00edan la <em>Hagad\u00e1<\/em>. La segunda noche era mi preferida porque se dec\u00eda la traducci\u00f3n en ladino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A veces me culpabilizo por no sentir la nostalgia que sirve de b\u00e1lsamo para suavizar la herida del exilio. Me parece algo as\u00ed como un acto de rebeld\u00eda o ingratitud por mi parte. Sin embargo, me conmueve profundamente la visi\u00f3n entra\u00f1able de mis queridos amigos Solly Levy<a href=\"#_ftn4\" id=\"_ftnref4\">[4]<\/a>, Mois\u00e9s Garz\u00f3n Serfaty<a href=\"#_ftn5\" id=\"_ftnref5\">[5]<\/a> y Abraham Botbol Hachuel<a href=\"#_ftn6\" id=\"_ftnref6\">[6]<\/a> y el testimonio del mucho m\u00e1s joven Jos\u00e9 Garz\u00f3n que, en 1974, a los 11 a\u00f1os presenci\u00f3 el cierre de nuestra querida escuela de la Alianza<a href=\"#_ftn7\" id=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero falta de nostalgia no significa falta de cari\u00f1o. Creo haber rendido homenaje a mi ciudad natal, a la que quedar\u00e9 vinculada para siempre, a trav\u00e9s de mis investigaciones, tal como lo hizo Sarah Leibovici \u05d6\u05dc <a href=\"#_ftn8\" id=\"_ftnref8\">[8]<\/a> y, en la actualidad, Jacobo Israel Garz\u00f3n<a href=\"#_ftn9\" id=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo empez\u00f3 en la Universidad de Columbia, en Nueva York, cuando conoc\u00ed al profesor Samuel G. Armistead, eminente medievista y especialista del romancero sefard\u00ed. Hac\u00eda cinco a\u00f1os que hab\u00eda dejado Tetu\u00e1n, pero ese tiempo contaba como doble ya que, en esos a\u00f1os, hab\u00eda completado mi bachillerato y licenciatura en Par\u00eds y, enfrentada a mi nueva vida de estudiante en Nueva York, empezaba a sentir la curiosidad nost\u00e1lgica del caminante que se ha ido alejando progresivamente de su patria chica. El primer d\u00eda de clase, al leer mi nombre, el profesor Armistead me pregunt\u00f3 si era sefard\u00ed y, m\u00e1s adelante, me anim\u00f3 a emprender mi investigaci\u00f3n doctoral sobre el romancero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue el principio de una gran aventura. Tener la posibilidad de descubrir un tesoro cultural fascinante, depositado en la memoria de esos mismos tetuan\u00edes que yo hab\u00eda relegado al pasado, fue un recorrido intelectual y emotivo \u00fanico. Con mi magnet\u00f3fono grab\u00e9 de la boca misma de mujeres tetuan\u00edes generalmente mayores, montones de romances, cantares de boda y canciones rituales, vinculadas con nuestro pasado espa\u00f1ol. Empec\u00e9 con mi madre que hab\u00eda venido a Nueva York para mi boda con el amor de mi vida, Slavek Michel Librowicz, un ashkenaz\u00ed de Polonia. Luego extend\u00ed mis encuestas a otros miembros de la familia y progresivamente llegu\u00e9 a entrevistar a gente que no conoc\u00eda y no solo de Tetu\u00e1n, sino de toda la zona norte de Marruecos en sus nuevos lugares de residencia: Nueva York, Espa\u00f1a, Caracas, Francia e Israel.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un rasgo muy interesante de las mujeres que me cantaban \u201ccantares antiguos\u201d (romances en la jerga universitaria) era la distinci\u00f3n que hac\u00edan entre la versi\u00f3n \u201cantigua\u201d y \u201cmoderna\u201d de una misma canci\u00f3n. En efecto, con la llegada de los espa\u00f1oles al norte de Marruecos, se encontraron y, a menudo, se integraron dos tradiciones romanc\u00edsticas, la peninsular cristiana y la sefard\u00ed, siendo \u00e9sta la m\u00e1s arcaica. As\u00ed, las informantes sefard\u00edes me pod\u00edan cantar <em>La doncella guerrera, Gerineldo, \u00bfPor qu\u00e9 no cant\u00e1is, la bella, Delgadina<\/em> y varios otros romances en dos versiones: la \u201cantigua\u201d o sea la sefard\u00ed, con su fon\u00e9tica y l\u00e9xico del espa\u00f1ol del siglo XVI y la \u201cmoderna\u201d , o sea la peninsular mayormente andaluza, aprendida de sus vecinas y amigas espa\u00f1olas. Cuando terminaban de cantar, me precisaban: \u201ceste es el cantar moderno, \u00bfquieres que te cante el antiguo?\u201d o vice-versa. Esa conciencia hist\u00f3rica me parece caracter\u00edstica del jud\u00edo, sobre todo en la di\u00e1spora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De esta manera, a trav\u00e9s de mis encuestas, descubr\u00ed un caudal inesperado que no solo me apasiona sino que me permite relacionarme con mi ciudad natal y con los m\u00edos de una manera nueva, totalmente distinta. Esa es la fuerza secreta del exilio. Se descubre en el momento en que la separaci\u00f3n ya no se vive como p\u00e9rdida y ruptura amarga sino como un manantial de aguas frescas de las que uno sale fortalecido en su propia identidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Que sirva de ilustraci\u00f3n este cuento tradicional jud\u00edo de Polonia:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Hace mucho tiempo viv\u00eda en Cracovia un humilde artesano llamado David ben Isaac. David viv\u00eda con su mujer y sus hijos en una miserable casucha. Trabajaba mucho pero ten\u00eda apenas para vivir. A David le gustaba so\u00f1ar y uno de sus sue\u00f1os m\u00e1s queridos era poder celebrar un d\u00eda el Shabbat con holgura: tener una mesa bien puesta con ricos manjares con que deleitar a toda la familia. \u00a1Eso le habr\u00eda colmado de felicidad!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Una noche, David tuvo un sue\u00f1o extra\u00f1o. So\u00f1\u00f3 que se encontraba debajo de un puente ante un magn\u00edfico palacio y all\u00ed o\u00eda una voz que le dec\u00eda: \u201cDavid, est\u00e1s en la gran ciudad de Praga, debajo del puente que lleva al Palacio Real. En ese lugar se encuentra un tesoro; solo tienes que excavar la tierra y ser\u00e1 tuyo\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Al despertar, David pens\u00f3 que su sue\u00f1o era absurdo. Pero, por tres noches consecutivas, tuvo el mismo sue\u00f1o hasta que se lo cont\u00f3 a su mujer y &nbsp;decidi\u00f3 ir a Praga. Como era muy pobre, no le quedaba m\u00e1s remedio que hacer el viaje a pie. A veces, en el camino, David se desalentaba y su decisi\u00f3n le parec\u00eda pura locura.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Al cabo de siete semanas, lleg\u00f3 a las puertas de la gran ciudad de Praga y de all\u00ed fue al puente del Palacio Real y se qued\u00f3 pasmado porque todo era id\u00e9ntico a como lo hab\u00eda so\u00f1ado. De pronto, se le acerc\u00f3 el capit\u00e1n de la guardia real y le pregunt\u00f3 lo que estaba haciendo. Entonces David le cont\u00f3 su sue\u00f1o y el capit\u00e1n le contest\u00f3: -Pues, mira, si yo le hiciera caso a mis sue\u00f1os, no estar\u00eda aqu\u00ed porque yo tambi\u00e9n tuve un sue\u00f1o y o\u00eda una voz que me dec\u00eda que fuera a Cracovia a casa de un jud\u00edo llamado David ben Isaac y que all\u00ed, debajo del hogar, no tendr\u00eda m\u00e1s que excavar para descubrir un tesoro. \u00bfNo te parece algo descabellado? Anda, hombre, vuelve a tu casa que pierdes el tiempo aqu\u00ed\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>A David le dio un brinco el coraz\u00f3n. \u00bfSe tratar\u00eda de su propia casa? Si le hab\u00eda tomado siete semanas para recorrer el camino de Cracovia a Praga, solo le bastaron tres para regresar, tan impaciente estaba por saber si en su casa se escond\u00eda un tesoro. Y \u00a1claro que s\u00ed! Un tesoro suficiente para celebrar el Shabbat como D-os manda y &nbsp;permitirle a David y su familia una vida holgada por muchos, muchos a\u00f1os\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed fue como yo misma descubr\u00ed en mi propia ciudad un tesoro inesperado del cual no sospechaba la existencia, un tesoro que anhelaba ser descubierto. Nunca olvidar\u00e9 la emoci\u00f3n que me proporcionaba escuchar cada canci\u00f3n y saber que era el fruto de una memoria colectiva cinco veces centenaria. A esto se a\u00f1ad\u00eda la oportunidad \u00fanica de rescatar esos cantares del olvido. De una manera imprevista, mi investigaci\u00f3n universitaria esclareci\u00f3 y afirm\u00f3 mi identidad sefard\u00ed. Aunque los cantares que recog\u00ed forman parte de un repertorio principalmente laico, tom\u00e9 conciencia del arraigo de nuestros antepasados hacia sus ra\u00edces hisp\u00e1nicas. Comprend\u00ed que yo tambi\u00e9n era un eslab\u00f3n en la larga cadena de transmisi\u00f3n, no ya de un patrimonio folcl\u00f3rico, pero de valores propios al pueblo jud\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1492, como en otros momentos cr\u00edticos de nuestra historia, muchos de los nuestros, la mitad dicen, se quedaron en Espa\u00f1a renunciando as\u00ed a la Alianza que D-os estableci\u00f3 con Abraham. Saber que mis propios antepasados prefirieron el exilio a la conversi\u00f3n me honra, me une indisolublemente a ellos y me responsabiliza. Si ellos sacrificaron tanto para permanecer jud\u00edos, \u00bfqu\u00e9 derecho tendr\u00eda yo a romper esa cadena? Transmitir el legado espiritual de mis padres a mis hijos, Emmanuel, Benjamin y Jo\u00eblle, para que ellos lo transmitan a su vez a los suyos, esa es mi aspiraci\u00f3n m\u00e1s querida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras el largo periplo que me llev\u00f3 de Tetu\u00e1n a Montreal, pasando por Par\u00eds y Nueva York, mi identidad se enriqueci\u00f3 y se fortaleci\u00f3 y, como la t\u00fanica de Yosef, es semejante a un caleidoscopio, en el cual lucen colores varios y diversos, que reflejan los diferentes aspectos y etapas de mi vida, cristales de facetas m\u00faltiples que convergen hacia un mismo punto: mi esencia jud\u00eda sin concesiones ni ambig\u00fcedad alguna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Oro Anahory-Librowicz<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Publicado en <strong><em>Ufr\u00e1n. Relatos de autores jud\u00edos del Norte de Marruecos, <\/em><\/strong>Madrid: Hebraica Ediciones, 2010, p. 27-41.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\">[1]<\/a> En el norte de Marruecos, la consonante hebrea \u00ab&nbsp;tsadek&nbsp;\u00bb se pronunciaba como una \u00ab&nbsp;s&nbsp;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref2\" id=\"_ftn2\">[2]<\/a> En \u00e1rabe, de acuerdo, est\u00e1 bien.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref3\" id=\"_ftn3\">[3]<\/a> Pasear a la novia por la casa en la noche de berberisca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref4\" id=\"_ftn4\">[4]<\/a> <em>Yahasr\u00e1. Escenas haquetiesquas, <\/em>\u00c9dition E.D.I.J., Canada, 1992.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref5\" id=\"_ftn5\">[5]<\/a> <em>Tetu\u00e1n. Relato de una nostalgia<\/em>, Centro de estudios sefard\u00edes de Caracas, Caracas, 2006.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref6\" id=\"_ftn6\">[6]<\/a> <em>El desv\u00e1n de los recuerdos. Cuadros de una juder\u00eda marroqu\u00ed<\/em>, CESC, Caracas, 1989.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref7\" id=\"_ftn7\">[7]<\/a> Su art\u00edculo \u201cIl \u00e9tait une fois \u2026 il \u00e9tait une derni\u00e8re fois \u2026&nbsp;\u00bb est\u00e1 en el sitio Internet de BELSEF.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref8\" id=\"_ftn8\">[8]<\/a> <em>Chronique des Juifs de T\u00e9touan (1860-1896)<\/em>, \u00c9ditions Maisonneuve et Larose, Paris, 1984.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref9\" id=\"_ftn9\">[9]<\/a>&nbsp; <em>Los jud\u00edos de Tetu\u00e1n,<\/em> Hebraica Ediciones, Madrid, 2005.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Oro Anahory-Librowicz Mis m\u00e1s lejanos recuerdos me llevan a una encrucijada de caminos, a un mundo de polaridades y deseos conflictivos. \u00bfA qu\u00e9 voz atender, a la llamada de lo inc\u00f3gnito, de los caminos v\u00edrgenes o al llamamiento de lo familiar, de lo que te espera desde siempre, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, en un retorno previsible&hellip;&nbsp;<\/p>","protected":false},"author":2,"featured_media":1661,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"neve_meta_sidebar":"","neve_meta_container":"","neve_meta_enable_content_width":"","neve_meta_content_width":0,"neve_meta_title_alignment":"","neve_meta_author_avatar":"","neve_post_elements_order":"","neve_meta_disable_header":"","neve_meta_disable_footer":"","neve_meta_disable_title":"","_themeisle_gutenberg_block_has_review":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-1691","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-haketia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1691","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1691"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1691\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1692,"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1691\/revisions\/1692"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1661"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1691"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1691"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/genealogia.com.ar\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1691"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}